Ella se levantó de una siesta poco medida con el día lleno de nubes mojadas,
en una urgencia por ordenar su caos visual (aunque sea),
se dispuso a limpiar su cuarto, empezar a organizar.
Los fantasmas aparecieron entre los papeles y el polvo,
fotos y dedicatorias.. recuerdos de polvo que la hicieron llorar.
Y lloró, lloró con el estómago y la garganta,
esos llantos que no se pueden controlar ni tampoco aguantar.
Ella se levantó de una siesta desmedida con el día al revés,
cometió el error de posponer el "quehacer" y de perderse en la música,
consumió temas enteros del melancólico Leonard Cohen,
una mala costumbre que heredó de su papá.
Y lloró, lloró con el estómago y la garganta,
esos llantos que no se pueden controlar ni tampoco aguantar.
Ella lloró dos días seguidos con lágrimas a puertas cerradas,
lloró por todo y por nada, por lo que fue y lo que es.
Ella hablaba en tercera persona para abstraerse y quizá entenderse.
Ella está llorando ahora mientras escribe, y no lo puede controlar.